sábado, 28 de febrero de 2015


INTRODUCCIÓN
La familia influye en el desarrollo socio afectivo del infante, ya que los modelos, valores, normas, roles y habilidades se aprenden durante el período de la infancia, la cual está relacionada con el manejo y resolución de conflictos, las habilidades sociales y adaptativas, con las conductas pro sociales y con la regulación emocional, entre otras. Aunque son multidimensionales los factores que afectan el desarrollo de los niños y niñas, es importante identificar la influencia de la familia y de los estilos y pautas de crianza en el desarrollo socio afectivo, además de identificar factores de riesgo y problemas de salud mental en la infancia, tales como: la depresión infantil, agresividad, baja autoestima, problemas en conductas adaptativas, entre otras. Solís- Cámara et al. (2007) definieron la crianza como las actitudes y comportamientos de los padres y también realizaron investigaciones para establecer los factores que afectan la participación de los padres, identificando el bienestar subjetivo, las actitudes y las expectativas sobre el desarrollo del niño. Los cambios en la familia, en las interacciones y en las pautas de crianza pueden afectar los estilos parentales y el desarrollo socio afectivo en la infancia. Así, para Cabrera, Guevara & Barrera (2006) la red familiar se reorganiza y las relaciones se redefinen permanentemente; en las interacciones negativas en la familia pueden crearse desajustes psicológicos en los hijos, lo cual dependerá del grado de satisfacción que se tenga por ser padre. De igual manera, los conflictos que enfrentan los padres diariamente y el estrés experimentado, debido a funciones relacionadas con la crianza, pueden influir sobre las características de los hijos y su ajuste emocional.

Salud mental y pautas de crianza
Existen diversos factores biopsicosociales relacionados con la salud mental de los padres y cuidadores que generan estrés, depresión, agresividad u otras alteraciones que a su vez afectan los estilos de crianza y las relaciones con los hijos, por lo cual es importante identificar esos factores de riesgo y generar factores protectores para la salud mental, tanto de los cuidadores como de los niños, niñas y adolescentes en sus familias. Oliva, Parra & Arranz (2008) proponen estilos parentales relacionales asociados con el clima y caracterizados por el apoyo, el afecto, la comunicación y la promoción de la autonomía desde una perspectiva más multidimensional, no sólo de afecto y control en las pautas de crianza. Oliva, Parra, Sánchez & López (2007) también estudian las relaciones entre estilos parentales y ajuste del adolescente y destacan las relaciones con el desarrollo de los hijos. Se encuentran además otras características de los cuidadores o padres relacionados con los estilos de crianza y las interacciones familiares. Así Pons- Salvador, Cerezo & Bernabé (2005) identificaron factores asociados a los cambios que afectan negativamente la parentalidad, como los antecedentes de castigo en la madre, la baja satisfacción materna y la percepción negativa del bebé entre otros, que se convierten en factores de riesgo para maltrato y alteraciones emocionales. En relación con antecedentes o características psiquiátricas de los padres, Oates (1997) citado en Ezpeleta (2005) realizó investigaciones con hijos de pacientes psiquiátricos asociados a problemas conyugales, estrés, problemas psicosociales y encontró que aumentan el riesgo de abuso, maltrato o rechazo hacia los hijos. También Gracia, Lila & Musitu (2005) hallaron relación entre el rechazo parental percibido por el hijo y el ajuste psicológico y social en relación con el afecto, la hostilidad, la indiferencia o el rechazo percibido de los padres y la relación con comportamientos internalizados como la ansiedad, la depresión, el aislamiento social, la autoestima negativa y los problemas somáticos, y con comportamientos externalizantes como la agresividad y la conducta disocial. La crianza está afectada por las relaciones agresivas, la deprivación afectiva y otras problemáticas de la familia, tal como lo encontró en sus resultados de investigación Brady (2000) citado en Ezpeleta (2005), quien plantea que la falta de afecto, el afecto negativo o la desaprobación a toda acción o comportamiento de los padres, se relaciona con problemas externalizantes y con baja autoestima en niños y, además, la vinculación insegura con los cuidadores como un factor de mayor vulnerabilidad para la psicopatología infantil. Ezpeleta (2005) también realiza reflexiones sobre las psicopatologías de los padres y los trastornos emocionales, entre otros, como factores de riesgo de problemas comportamentales y emocionales en la infancia.



Depresión
A partir de la enunciación de los factores de riesgo para problemas del desarrollo socio afectivo en la infancia y las conductas parentales inadecuadas, es necesario identificar los cambios que se presentan y las problemáticas familiares asociadas a trastornos emocionales para orientar la prevención y la intervención oportuna. Los problemas emocionales de los padres, como: la depresión, influyen en los niños, niñas y adolescentes, generándoles modelos inadecuados o prácticas negativas para su desarrollo. Entre las investigaciones sobre depresión y pautas de crianza se encuentran las de Knoche, Givens & Sheridan (2007) las cuales identificaron relaciones entre depresión materna, sentido parental y el desarrollo cognitivo de los hijos, pero no encontraron diferencias significativas. En otras investigaciones Markrowitz (2007), se establecieron relaciones entre madres con depresión mayor y los comportamientos y el desarrollo de los hijos, presentando alteraciones del sueño y emocionales, especialmente. También, Newcomb, Mineka, Zinbarg & Griffith (2007) plantean que la sobreprotección y la percepción negativa del cuidado y la crianza se relacionan con síntomas de desórdenes emocionales en la infancia y la adolescencia como la depresión y la ansiedad. En otras investigaciones sobre depresión materna y pautas de crianza Maughan, Cicchetti, Toth & Rogosch (2007) analizaron los efectos de la depresión materna y las conductas parentales negativas en el desarrollo sociemocional y en los patrones de regulación emocional de los hijos; encontraron que la depresión materna es un factor de riesgo que afecta el ajuste socioemocional y la aceptación social de los hijos. Con respecto a la depresión materna, la autoestima y las pautas de crianza, Gerdes et al. (2007) realizaron investigaciones para establecer las relaciones entre depresión materna, autoestima y locus de control y conductas parentales relacionadas con la eficacia parental y el estrés parental en padres de niños con trastorno por déficit atencional, con hiperactividad. Por otra parte, Chávez & González (2008) estudiaron la depresión perinatal y los efectos en el apego y en las relaciones con los hijos y en los factores socioculturales de riesgo para la depresión materna como un insumo para futuras investigaciones y programas de prevención.

Estrés
En cuanto al estrés y sus implicaciones en la conducta parental, Mistry, Stevens, Sareen, De Vo-114 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 Ángela Cuervo Martínez gli & Halfo (2007) realizaron estudios sobre salud mental materna y la influencia en el desarrollo de los niños. Así, el estrés, la depresión o la ansiedad están asociados con problemas socioeconómicos, conflictos familiares y falta de redes de apoyo, lo cual afecta las pautas de crianza y por tanto son importantes los programas de prevención y de apoyo a las familias con riesgos en la salud mental. En el mismo sentido Long, Gurka & Blackman (2008) plantean las relaciones entre estrés parental y problemas comportamentales y de lenguaje en niños preescolares, familias con hijos con discapacidades, trastornos del lenguaje, autismo o problemas comportamentales, presentan mayores niveles de estrés y esto afecta la conducta parental. Además se han realizado estudios como los de López, Clifford, Minnes & Ouellette-Kuntz (2008) que encontraron que los padres de niños con discapacidades presentan incremento en los niveles de estrés parental, que varía dependiendo de la percepción de las situaciones y de las estrategias de afrontamiento que se tengan, lo cual resalta la importancia de las primeras intervenciones, la educación y el apoyo a los padres y cuidadores de niños con discapacidades y alteraciones del desarrollo. Rosenzweig, Brennan, Huffstutter & Bradley (2008) en sus investigaciones encontraron relaciones entre los niveles de estrés en la familia y el cuidado adecuado para niños con discapacidades por factores como el trabajo, la flexibilidad, las dificultades en el cuidado y los niveles de satisfacción. Otras investigaciones relacionan la salud mental de los padres con la salud mental de los hijos. Este es el caso de Gewirtz, Forgatch & Wieling (2008) quienes plantean que los efectos de eventos traumáticos en la infancia está mediado por el efecto de los eventos traumáticos en los padres o cuidadores, ya que las prácticas y pautas de crianza cambian y afectan el ajuste durante la infancia. Esto es importante para la prevención de problemáticas en la infancia y para la identificación de factores de riesgo o protectores en la familia. Entre las problemáticas emocionales de los padres o cuidadores que influyen en las relaciones con los hijos y en los estilos de crianza está el estrés, como se evidencia en las investigaciones de Vera, Grubits & Rodríguez (2007), en lo que se refiere al estrés de la madre en las pautas de crianza de niños de uno a cinco años y la estimulación, y en el que se encuentra que a mayor manejo del estrés hay mayor estimulación del desarrollo de los niños. También Deater-Deckard (2004) plantea que las alteraciones en la conducta parental resultante de estrés se relacionan con problemas emocionales y cognitivos en el desarrollo durante la infancia; además, los problemas de comportamiento de los niños también alteran el comportamiento parental estableciéndose una relación bidireccional. Respecto al estrés y edad de los hijos Oliva, Montero & Gutiérrez (2006) estudiaron las relaciones entre el estrés percibido por los padres por sus experiencias personales y el estrés percibido por las características de sus hijos de cuatro a seis años de edad. Encontraron que el estrés parental aumenta con el nivel socioeconómico bajo y con la edad de los hijos. También hacen recomendaciones para la detección y prevención temprana de problemas emocionales y conductuales en la infancia. Se evidencia así la necesidad de intervenir y orientar a las familias y cuidadores en las estrategias para disminuir el estrés parental y sus relaciones con estilos y prácticas de crianza inadecuadas y que no favorecen el desarrollo socio afectivo durante la infancia.



Parentalidad y desarrollo socio afectivo (socialización)
La socialización de la infancia se produce mediante las prácticas de crianza, entendidas como la manera en que los padres (y en general la estructura familiar) orientan el desarrollo del niño/a y le transmiten un conjunto de valores y normas que facilitan su incorporación al grupo social. De manera simple, las prácticas de crianza son las REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 115 Pautas de crianza y desarrollo socio afectivo en la infancia acciones llevadas a cabo por los padres y personas responsables del cuidado del niño/a para dar respuesta cotidianamente a sus necesidades (Myers, 1994). Torío, Peña & Caro (2008) encontraron que los padres de niños de cinco a ocho años no tienen un estilo de crianza definido; algunas veces son democráticos y otras veces son autoritarios, lo cual debe considerarse para modificar o mejorar las prácticas educativas existentes en la familia. Henao, Ramírez & Ramírez (2007) plantean la importancia de la familia en la socialización y desarrollo durante la infancia. La combinación de costumbres y hábitos de crianza de los padres, la sensibilidad hacia las necesidades de su hijo, la aceptación de su individualidad; el afecto que se expresa y los mecanismos de control son la base para regular el comportamiento de sus hijos. Destacan la importancia de la comunicación en las pautas de crianza. Algunos estudios como los de Schwebel, Brezausek, Ramey & Ramey (2004) coinciden en que los niños temperamentalmente difíciles necesitan una mayor cantidad de tiempo y de recursos para alcanzar un adecuado desarrollo social. También Ato, Galián & Huéscar (2007) analizaron las relaciones entre estilos de crianza, temperamento y ajuste socioemocional en la infancia y proponen los modelos interactivos que los estilos de crianza influyen diferencialmente en el ajuste en función del temperamento de los niños y niñas. Además, es importante tener en cuenta otras variables como la etapa evolutiva, el género del niño, los recursos económicos, las características de la personalidad de los padres, entre otros. Con respecto a estilos de crianza autoritarios Mulsow (2008) propone que la familia es un agente que afecta los aspectos socio-emocionales al ofrecer modelos que sean compatibles con la realidad vital, y da oportunidades para desarrollarse emocionalmente. Los estilos autoritarios y castigadores generan un desarrollo emocional disfuncional y deficitario en estrategias y competencias emocionales para la adaptación en distintos contextos a lo largo de la vida. Según Rodríguez (2007) la familia es el primer contexto para la transmisión de las normas, valores y modelos de comportamiento, es la familia la que socializa al niño permitiéndole interiorizar los elementos básicos de la cultura y desarrollar las bases de su personalidad; cada familia asume las pautas de crianza dependiendo de sus características, dinámica y factores contextuales, así como los recursos y apoyos, entre otros. Por último, Berk (2004) destaca la importancia de la familia en el proceso de socialización y aprendizaje de los niños a lo largo de su desarrollo y de su vida escolar; en consecuencia, los padres facilitan el desarrollo de competencias sociales. Emociones Las reacciones de los padres ante las emociones de los hijos juegan un papel importante en el desarrollo socioemocional. O’neal & Magai (2005) observaron la socialización parental y la relación con emocionalidad negativa en la infancia. Estévez, Musitu & Herrero (2005) plantean en sus investigaciones las relaciones entre el contexto familiar y los problemas de comunicación como uno de los factores de riesgo para el ajuste psicológico de los adolescentes; además, analizaron la influencia de los problemas de comunicación (padre y madre por separado) y el ajuste escolar en la salud mental de los adolescentes, (malestar psicológico, sintomatología depresiva y estrés percibido). También plantean la posibilidad de la bidireccionalidad, es decir, que el ajuste emocional de los adolescentes afecta la comunicación y la dinámica familiar. Rutter & Sroufe (2000) realizaron investigaciones sobre las contribuciones de los estilos de crianza y las prácticas de crianza de la familia en el desarrollo emocional durante la infancia y en relación con problemas externalizantes de comportamiento. Shapiro (1997) sostiene que los niños están afectados por la falta de atención familiar y que su desarrollo emocional es mucho más vulnerable ante situaciones estresantes y por la falta de modelos adecuados para el desarrollo emocional.116 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 Ángela Cuervo Martínez Familia, habilidades sociales y conducta prosocial La familia y las pautas de crianza adecuadas facilitan el desarrollo de habilidades sociales y de conductas prosociales en la infancia, por lo cual es importante brindar sensibilización y orientación. Mestre et al. (1999) destacan que el tipo de normas que una familia establece, los recursos y procedimientos que utilizan para hacer cumplir dichas normas, junto con el grado de afectividad, comunicación y apoyo entre padres e hijos, son fundamentales para el crecimiento personal, la interiorización de valores, las habilidades sociales y la toma de decisiones para resolver conflictos. Con respecto a la autoestima Alonso & Román (2005) estudiaron la relación de diferentes estilos parentales y la autoestima en familias con hijos de tres a cinco años, encontrando que a mayor grado de autoestima en los niños corresponde un mayor grado de autoestima valorado por los padres. Los padres utilizan diferentes estrategias educativas en función del tipo de conflicto y de la situación en la que se encuentren sus hijos, de esta forma, son más estrictos en las transgresiones de normas y mucho más permisivos y tolerantes en los conflictos internos y externos. El desarrollo socio afectivo y la socialización en la infancia está relacionado con la participación, la crianza y la estimulación en la familia, como se destaca en los lineamientos de La UNICEF (2004), al resaltar la participación del padre y la familia en la crianza y desarrollo infantil y en la importancia de identificar y optimizar las fortalezas de la familia en la crianza de los niños y niñas. El desarrollo psicosocial en la infancia influirá significativamente en las oportunidades de aprendizaje y sociales que pueda tener en el futuro. Las familias con estilos democráticos o asertivos promueven un adecuado desarrollo socio afectivo. En sus investigaciones Richard de Minzi (2005) encontró que las familias democráticas promueven afrontamientos adaptativos y protectores ante la depresión y la soledad, mientras que las familias autoritarias generan inseguridad, evitación de los problemas, afrontamientos desadaptativos, depresión, además, la soledad está asociada al rechazo y al desinterés de los padres. Conductas prosociales El hogar es un espacio facilitador de conductas prosociales como lo analiza Rodríguez (2007), ya que el ensayo en la realización de conductas prosociales estimula tendencias prosociales. Los niños a quienes se les asigna la responsabilidad de enseñar conductas prosociales a otros niños muestran más conductas prosociales en otras situaciones. De manera similar, a los niños que se les asigna la realización de tareas domésticas, o actividades de apoyo a los hermanos (especialmente tareas que comparten responsabilidad hacia los demás), tienden a ser más prosociales que otros niños. También, Mestre, Samper, Tur & Diez (2001) en sus investigaciones respecto a la relación de estilos de crianza y desarrollo prosocial de los hijos, concluyen la importancia de la dimensión afectiva en las relaciones familiares, incluyendo evaluaciones positivas del hijo, interés, apoyo emocional y la coherencia en la aplicación de normas. Destacan también que las relaciones con los hijos deben ser adecuadas a su edad o nivel de desarrollo. Mestre et al. (2007) encontraron que cuando la madre es quien evalúa los estilos de crianza, los hijos alcanzan menor poder predictor en el comportamiento prosocial. La evaluación positiva del hijo(a), el apoyo emocional (junto con la coherencia en la aplicación de las normas) es el estilo de crianza más relacionado positivamente con la empatía y con el comportamiento prosocial. Así pues, la convivencia familiar que percibe el adolescente, caracterizada por el afecto y apoyo emocional especialmente por parte de su madre y junto con la estimulación de la autonomía del hijo, alcanza un poder predictor del comportamiento prosocial. Se puede concluir que el comportamiento prosocial y el comportamiento agresivo son los extremos de una dimensión modulada por procesos cognitivos y emocionales de signo contrario, en los que los estilos de crianza contribuyen a su desarrollo. REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 117 Pautas de crianza y desarrollo socio afectivo en la infancia Parentalidad, estilos de crianza y factores de riesgo en el desarrollo socio afectivo Ramírez (2002) plantea que las prácticas de crianza que utilizan los padres se relacionan con los problemas de conducta de los hijos; como prácticas de crianza inadecuadas: afecto negativo, castigos no físicos, control autoritario y énfasis en el logro, los hijos tienen mayor probabilidad de presentar problemas de conducta tanto externos como internos. Concretamente, el afecto negativo predice conducta agresiva, problemas de atención y de comportamiento, El control autoritario predice ansiedad/depresión y el énfasis en el logro predice ansiedad/depresión, problemas sociales. También Ramírez (2007) en sus investigaciones muestra la relación entre los conflictos maritales, las pautas de crianza y el comportamiento de los niños y encuentra que los problemas comportamentales aumentan en la medida en que aumentan los conflictos matrimoniales y las prácticas de crianza inadecuadas (como control autoritario, énfasis en el logro y castigos no físicos), y disminuyen las adecuadas (como expresión de afecto, guía razonada y disfrutar con el niño). En otros estudios de pautas de crianza y prematuros Mora & Rojas (2005) observaron la crianza y los estilos predominantes en madres de prematuros, presentándose mayores alteraciones en las pautas de crianza de madres adolescentes o mayores de bebés prematuros en las cuales no se establecen límites y normas claras; además afectan la dinámica familiar la vulnerabilidad socioeconómica e incrementan los riesgos de maltrato y negligencia entre otras. Además existen investigaciones entre prácticas de crianza negativas y alteraciones en la infancia. Paulussen-Hoogeboom, Stams, Hermanns, Peetsma & Van den Wittenboer (2008) analizaron las relaciones entre emocionalidad negativa, comportamientos internalizantes y externalizantes con el estilo parental autoritario. Eshel, Daelmans, Cabral & Martínez (2006) realizaron investigaciones para establecer relaciones entre responsabilidad y receptividad parental y la presentación de comportamientos internalizantes y externalizantes. El apoyo, el afecto y las interacciones apropiadas ayudan al desarrollo cognitivo y psicosocial durante la infancia. En el mismo sentido, el cuidado, la salud y el desarrollo están relacionados con la aceptación y la receptividad que los padres tengan de sus hijos. También se han encontrado relaciones entre los estilos permisivos y autoritarios con el desarrollo cognoscitivo y emocional como las observadas por Arvelo (2003), quien analizó la función paterna, las prácticas de crianza y el desarrollo en adolescentes, encontrando relación con problemas de bajo rendimiento escolar, dificultades en la comunicación, hostilidad, depresión, mentiras frecuentes y conductas transgresoras. En lo que se refiere a las pautas de crianza se detectó una permisividad por parte de los padres y especialmente las madres. Con respecto a estilos de crianza y género Winsler, Madigan & Aquilino (2005) en sus investigaciones sobre paternidad encontraron diferencias en los estilos entre los padres y las madres, percibiéndose las madres como más autoritarias que los padres. Los estilos de crianza inadecuados de los padres durante la infancia se relacionan como factores de riesgo de problemáticas cognoscitivas o socio afectivas y sobre los cuales se deben orientar las estrategias de prevención en la familia y generar espacios para desarrollar habilidades sociales y conductas prosociales en otros contextos. Pautas de crianza y prevención de problemas en el desarrollo socio afectivo en la infancia La prevención de factores de riesgo en la familia que influya negativamente en los estilos de crianza y en el desarrollo socio afectivo durante la infancia es una responsabilidad de los distintos profesionales y sectores para lograr un mejor desarrollo de habilidades, competencias parentales, habilidades emocionales y conductas prosociales en los niños, niñas y adolescentes.118 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 Ángela Cuervo Martínez Diversos estudios como los de Patterson, De Garmo & Forgatch (2004) brindan aportes sobre situaciones estresantes en la familia, pautas de crianza y ajuste en el desarrollo de los niños y niñas, en padres y madres; identifican y proponen cinco prácticas de crianza efectivas: el estímulo, la disciplina, el monitoreo, la solución de problemas y el involucramiento positivo con atención y cuidado. Estas prácticas orientan el diseño de propuestas de prevención e intervención con familias y cuidadores. Otras investigaciones, en este caso la planteada por Amaya (2008) genera una propuesta de programa-guía para el desarrollo de competencias emocionales y parentales desde una perspectiva comunitaria y preventiva, en la que resalta la importancia de orientar a los padres y madres en el desarrollo de estrategias cognitivas y de relajación que les permita controlar sus emociones de manera positiva en momentos de cierta tensión emocional. Asimismo, resulta necesario trabajar con los padres y madres las habilidades de comunicación con los hijos, los procesos de resolución de conflictos y de negociación, las estrategias para establecer límites y regulación del comportamiento en los hijos, y las habilidades para fomentar la autoestima y la asertividad de los padres y madres en el desarrollo de la función parental. Respecto a prevención, tipos de familia y cambios familiares, Jadue (2003) analiza algunos factores sociales que han aumentado las transformaciones familiares, e incrementado en los hijos el riesgo de bajo rendimiento, de fracaso, de problemas emocionales y conductuales en contextos escolares; por estas razones señala la necesidad de que en el sistema escolar se desarrollen mecanismos protectores y preventivos para los niños provenientes de familias monoparentales y disfuncionales especialmente.


Depresión
A partir de la enunciación de los factores de riesgo para problemas del desarrollo socio afectivo en la infancia y las conductas parentales inadecuadas, es necesario identificar los cambios que se presentan y las problemáticas familiares asociadas a trastornos emocionales para orientar la prevención y la intervención oportuna. Los problemas emocionales de los padres, como: la depresión, influyen en los niños, niñas y adolescentes, generándoles modelos inadecuados o prácticas negativas para su desarrollo. Entre las investigaciones sobre depresión y pautas de crianza se encuentran las de Knoche, Givens & Sheridan (2007) las cuales identificaron relaciones entre depresión materna, sentido parental y el desarrollo cognitivo de los hijos, pero no encontraron diferencias significativas. En otras investigaciones Markrowitz (2007), se establecieron relaciones entre madres con depresión mayor y los comportamientos y el desarrollo de los hijos, presentando alteraciones del sueño y emocionales, especialmente. También, Newcomb, Mineka, Zinbarg & Griffith (2007) plantean que la sobreprotección y la percepción negativa del cuidado y la crianza se relacionan con síntomas de desórdenes emocionales en la infancia y la adolescencia como la depresión y la ansiedad. En otras investigaciones sobre depresión materna y pautas de crianza Maughan, Cicchetti, Toth & Rogosch (2007) analizaron los efectos de la depresión materna y las conductas parentales negativas en el desarrollo sociemocional y en los patrones de regulación emocional de los hijos; encontraron que la depresión materna es un factor de riesgo que afecta el ajuste socioemocional y la aceptación social de los hijos. Con respecto a la depresión materna, la autoestima y las pautas de crianza, Gerdes et al. (2007) realizaron investigaciones para establecer las relaciones entre depresión materna, autoestima y locus de control y conductas parentales relacionadas con la eficacia parental y el estrés parental en padres de niños con trastorno por déficit atencional, con hiperactividad. Por otra parte, Chávez & González (2008) estudiaron la depresión perinatal y los efectos en el apego y en las relaciones con los hijos y en los factores socioculturales de riesgo para la depresión materna como un insumo para futuras investigaciones y programas de prevención.

Estrés
En cuanto al estrés y sus implicaciones en la conducta parental, Mistry, Stevens, Sareen, De Vo-114 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 Ángela Cuervo Martínez gli & Halfo (2007) realizaron estudios sobre salud mental materna y la influencia en el desarrollo de los niños. Así, el estrés, la depresión o la ansiedad están asociados con problemas socioeconómicos, conflictos familiares y falta de redes de apoyo, lo cual afecta las pautas de crianza y por tanto son importantes los programas de prevención y de apoyo a las familias con riesgos en la salud mental. En el mismo sentido Long, Gurka & Blackman (2008) plantean las relaciones entre estrés parental y problemas comportamentales y de lenguaje en niños preescolares, familias con hijos con discapacidades, trastornos del lenguaje, autismo o problemas comportamentales, presentan mayores niveles de estrés y esto afecta la conducta parental. Además se han realizado estudios como los de López, Clifford, Minnes & Ouellette-Kuntz (2008) que encontraron que los padres de niños con discapacidades presentan incremento en los niveles de estrés parental, que varía dependiendo de la percepción de las situaciones y de las estrategias de afrontamiento que se tengan, lo cual resalta la importancia de las primeras intervenciones, la educación y el apoyo a los padres y cuidadores de niños con discapacidades y alteraciones del desarrollo. Rosenzweig, Brennan, Huffstutter & Bradley (2008) en sus investigaciones encontraron relaciones entre los niveles de estrés en la familia y el cuidado adecuado para niños con discapacidades por factores como el trabajo, la flexibilidad, las dificultades en el cuidado y los niveles de satisfacción. Otras investigaciones relacionan la salud mental de los padres con la salud mental de los hijos. Este es el caso de Gewirtz, Forgatch & Wieling (2008) quienes plantean que los efectos de eventos traumáticos en la infancia está mediado por el efecto de los eventos traumáticos en los padres o cuidadores, ya que las prácticas y pautas de crianza cambian y afectan el ajuste durante la infancia. Esto es importante para la prevención de problemáticas en la infancia y para la identificación de factores de riesgo o protectores en la familia. Entre las problemáticas emocionales de los padres o cuidadores que influyen en las relaciones con los hijos y en los estilos de crianza está el estrés, como se evidencia en las investigaciones de Vera, Grubits & Rodríguez (2007), en lo que se refiere al estrés de la madre en las pautas de crianza de niños de uno a cinco años y la estimulación, y en el que se encuentra que a mayor manejo del estrés hay mayor estimulación del desarrollo de los niños. También Deater-Deckard (2004) plantea que las alteraciones en la conducta parental resultante de estrés se relacionan con problemas emocionales y cognitivos en el desarrollo durante la infancia; además, los problemas de comportamiento de los niños también alteran el comportamiento parental estableciéndose una relación bidireccional. Respecto al estrés y edad de los hijos Oliva, Montero & Gutiérrez (2006) estudiaron las relaciones entre el estrés percibido por los padres por sus experiencias personales y el estrés percibido por las características de sus hijos de cuatro a seis años de edad. Encontraron que el estrés parental aumenta con el nivel socioeconómico bajo y con la edad de los hijos. También hacen recomendaciones para la detección y prevención temprana de problemas emocionales y conductuales en la infancia. Se evidencia así la necesidad de intervenir y orientar a las familias y cuidadores en las estrategias para disminuir el estrés parental y sus relaciones con estilos y prácticas de crianza inadecuadas y que no favorecen el desarrollo socio afectivo durante la infancia.



Parentalidad y desarrollo socio afectivo (socialización)
La socialización de la infancia se produce mediante las prácticas de crianza, entendidas como la manera en que los padres (y en general la estructura familiar) orientan el desarrollo del niño/a y le transmiten un conjunto de valores y normas que facilitan su incorporación al grupo social. De manera simple, las prácticas de crianza son las REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 115 Pautas de crianza y desarrollo socio afectivo en la infancia acciones llevadas a cabo por los padres y personas responsables del cuidado del niño/a para dar respuesta cotidianamente a sus necesidades (Myers, 1994). Torío, Peña & Caro (2008) encontraron que los padres de niños de cinco a ocho años no tienen un estilo de crianza definido; algunas veces son democráticos y otras veces son autoritarios, lo cual debe considerarse para modificar o mejorar las prácticas educativas existentes en la familia. Henao, Ramírez & Ramírez (2007) plantean la importancia de la familia en la socialización y desarrollo durante la infancia. La combinación de costumbres y hábitos de crianza de los padres, la sensibilidad hacia las necesidades de su hijo, la aceptación de su individualidad; el afecto que se expresa y los mecanismos de control son la base para regular el comportamiento de sus hijos. Destacan la importancia de la comunicación en las pautas de crianza. Algunos estudios como los de Schwebel, Brezausek, Ramey & Ramey (2004) coinciden en que los niños temperamentalmente difíciles necesitan una mayor cantidad de tiempo y de recursos para alcanzar un adecuado desarrollo social. También Ato, Galián & Huéscar (2007) analizaron las relaciones entre estilos de crianza, temperamento y ajuste socioemocional en la infancia y proponen los modelos interactivos que los estilos de crianza influyen diferencialmente en el ajuste en función del temperamento de los niños y niñas. Además, es importante tener en cuenta otras variables como la etapa evolutiva, el género del niño, los recursos económicos, las características de la personalidad de los padres, entre otros. Con respecto a estilos de crianza autoritarios Mulsow (2008) propone que la familia es un agente que afecta los aspectos socio-emocionales al ofrecer modelos que sean compatibles con la realidad vital, y da oportunidades para desarrollarse emocionalmente. Los estilos autoritarios y castigadores generan un desarrollo emocional disfuncional y deficitario en estrategias y competencias emocionales para la adaptación en distintos contextos a lo largo de la vida. Según Rodríguez (2007) la familia es el primer contexto para la transmisión de las normas, valores y modelos de comportamiento, es la familia la que socializa al niño permitiéndole interiorizar los elementos básicos de la cultura y desarrollar las bases de su personalidad; cada familia asume las pautas de crianza dependiendo de sus características, dinámica y factores contextuales, así como los recursos y apoyos, entre otros. Por último, Berk (2004) destaca la importancia de la familia en el proceso de socialización y aprendizaje de los niños a lo largo de su desarrollo y de su vida escolar; en consecuencia, los padres facilitan el desarrollo de competencias sociales. Emociones Las reacciones de los padres ante las emociones de los hijos juegan un papel importante en el desarrollo socioemocional. O’neal & Magai (2005) observaron la socialización parental y la relación con emocionalidad negativa en la infancia. Estévez, Musitu & Herrero (2005) plantean en sus investigaciones las relaciones entre el contexto familiar y los problemas de comunicación como uno de los factores de riesgo para el ajuste psicológico de los adolescentes; además, analizaron la influencia de los problemas de comunicación (padre y madre por separado) y el ajuste escolar en la salud mental de los adolescentes, (malestar psicológico, sintomatología depresiva y estrés percibido). También plantean la posibilidad de la bidireccionalidad, es decir, que el ajuste emocional de los adolescentes afecta la comunicación y la dinámica familiar. Rutter & Sroufe (2000) realizaron investigaciones sobre las contribuciones de los estilos de crianza y las prácticas de crianza de la familia en el desarrollo emocional durante la infancia y en relación con problemas externalizantes de comportamiento. Shapiro (1997) sostiene que los niños están afectados por la falta de atención familiar y que su desarrollo emocional es mucho más vulnerable ante situaciones estresantes y por la falta de modelos adecuados para el desarrollo emocional.116 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 Ángela Cuervo Martínez Familia, habilidades sociales y conducta prosocial La familia y las pautas de crianza adecuadas facilitan el desarrollo de habilidades sociales y de conductas prosociales en la infancia, por lo cual es importante brindar sensibilización y orientación. Mestre et al. (1999) destacan que el tipo de normas que una familia establece, los recursos y procedimientos que utilizan para hacer cumplir dichas normas, junto con el grado de afectividad, comunicación y apoyo entre padres e hijos, son fundamentales para el crecimiento personal, la interiorización de valores, las habilidades sociales y la toma de decisiones para resolver conflictos. Con respecto a la autoestima Alonso & Román (2005) estudiaron la relación de diferentes estilos parentales y la autoestima en familias con hijos de tres a cinco años, encontrando que a mayor grado de autoestima en los niños corresponde un mayor grado de autoestima valorado por los padres. Los padres utilizan diferentes estrategias educativas en función del tipo de conflicto y de la situación en la que se encuentren sus hijos, de esta forma, son más estrictos en las transgresiones de normas y mucho más permisivos y tolerantes en los conflictos internos y externos. El desarrollo socio afectivo y la socialización en la infancia está relacionado con la participación, la crianza y la estimulación en la familia, como se destaca en los lineamientos de La UNICEF (2004), al resaltar la participación del padre y la familia en la crianza y desarrollo infantil y en la importancia de identificar y optimizar las fortalezas de la familia en la crianza de los niños y niñas. El desarrollo psicosocial en la infancia influirá significativamente en las oportunidades de aprendizaje y sociales que pueda tener en el futuro. Las familias con estilos democráticos o asertivos promueven un adecuado desarrollo socio afectivo. En sus investigaciones Richard de Minzi (2005) encontró que las familias democráticas promueven afrontamientos adaptativos y protectores ante la depresión y la soledad, mientras que las familias autoritarias generan inseguridad, evitación de los problemas, afrontamientos desadaptativos, depresión, además, la soledad está asociada al rechazo y al desinterés de los padres. Conductas prosociales El hogar es un espacio facilitador de conductas prosociales como lo analiza Rodríguez (2007), ya que el ensayo en la realización de conductas prosociales estimula tendencias prosociales. Los niños a quienes se les asigna la responsabilidad de enseñar conductas prosociales a otros niños muestran más conductas prosociales en otras situaciones. De manera similar, a los niños que se les asigna la realización de tareas domésticas, o actividades de apoyo a los hermanos (especialmente tareas que comparten responsabilidad hacia los demás), tienden a ser más prosociales que otros niños. También, Mestre, Samper, Tur & Diez (2001) en sus investigaciones respecto a la relación de estilos de crianza y desarrollo prosocial de los hijos, concluyen la importancia de la dimensión afectiva en las relaciones familiares, incluyendo evaluaciones positivas del hijo, interés, apoyo emocional y la coherencia en la aplicación de normas. Destacan también que las relaciones con los hijos deben ser adecuadas a su edad o nivel de desarrollo. Mestre et al. (2007) encontraron que cuando la madre es quien evalúa los estilos de crianza, los hijos alcanzan menor poder predictor en el comportamiento prosocial. La evaluación positiva del hijo(a), el apoyo emocional (junto con la coherencia en la aplicación de las normas) es el estilo de crianza más relacionado positivamente con la empatía y con el comportamiento prosocial. Así pues, la convivencia familiar que percibe el adolescente, caracterizada por el afecto y apoyo emocional especialmente por parte de su madre y junto con la estimulación de la autonomía del hijo, alcanza un poder predictor del comportamiento prosocial. Se puede concluir que el comportamiento prosocial y el comportamiento agresivo son los extremos de una dimensión modulada por procesos cognitivos y emocionales de signo contrario, en los que los estilos de crianza contribuyen a su desarrollo. REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 117 Pautas de crianza y desarrollo socio afectivo en la infancia Parentalidad, estilos de crianza y factores de riesgo en el desarrollo socio afectivo Ramírez (2002) plantea que las prácticas de crianza que utilizan los padres se relacionan con los problemas de conducta de los hijos; como prácticas de crianza inadecuadas: afecto negativo, castigos no físicos, control autoritario y énfasis en el logro, los hijos tienen mayor probabilidad de presentar problemas de conducta tanto externos como internos. Concretamente, el afecto negativo predice conducta agresiva, problemas de atención y de comportamiento, El control autoritario predice ansiedad/depresión y el énfasis en el logro predice ansiedad/depresión, problemas sociales. También Ramírez (2007) en sus investigaciones muestra la relación entre los conflictos maritales, las pautas de crianza y el comportamiento de los niños y encuentra que los problemas comportamentales aumentan en la medida en que aumentan los conflictos matrimoniales y las prácticas de crianza inadecuadas (como control autoritario, énfasis en el logro y castigos no físicos), y disminuyen las adecuadas (como expresión de afecto, guía razonada y disfrutar con el niño). En otros estudios de pautas de crianza y prematuros Mora & Rojas (2005) observaron la crianza y los estilos predominantes en madres de prematuros, presentándose mayores alteraciones en las pautas de crianza de madres adolescentes o mayores de bebés prematuros en las cuales no se establecen límites y normas claras; además afectan la dinámica familiar la vulnerabilidad socioeconómica e incrementan los riesgos de maltrato y negligencia entre otras. Además existen investigaciones entre prácticas de crianza negativas y alteraciones en la infancia. Paulussen-Hoogeboom, Stams, Hermanns, Peetsma & Van den Wittenboer (2008) analizaron las relaciones entre emocionalidad negativa, comportamientos internalizantes y externalizantes con el estilo parental autoritario. Eshel, Daelmans, Cabral & Martínez (2006) realizaron investigaciones para establecer relaciones entre responsabilidad y receptividad parental y la presentación de comportamientos internalizantes y externalizantes. El apoyo, el afecto y las interacciones apropiadas ayudan al desarrollo cognitivo y psicosocial durante la infancia. En el mismo sentido, el cuidado, la salud y el desarrollo están relacionados con la aceptación y la receptividad que los padres tengan de sus hijos. También se han encontrado relaciones entre los estilos permisivos y autoritarios con el desarrollo cognoscitivo y emocional como las observadas por Arvelo (2003), quien analizó la función paterna, las prácticas de crianza y el desarrollo en adolescentes, encontrando relación con problemas de bajo rendimiento escolar, dificultades en la comunicación, hostilidad, depresión, mentiras frecuentes y conductas transgresoras. En lo que se refiere a las pautas de crianza se detectó una permisividad por parte de los padres y especialmente las madres. Con respecto a estilos de crianza y género Winsler, Madigan & Aquilino (2005) en sus investigaciones sobre paternidad encontraron diferencias en los estilos entre los padres y las madres, percibiéndose las madres como más autoritarias que los padres. Los estilos de crianza inadecuados de los padres durante la infancia se relacionan como factores de riesgo de problemáticas cognoscitivas o socio afectivas y sobre los cuales se deben orientar las estrategias de prevención en la familia y generar espacios para desarrollar habilidades sociales y conductas prosociales en otros contextos. Pautas de crianza y prevención de problemas en el desarrollo socio afectivo en la infancia La prevención de factores de riesgo en la familia que influya negativamente en los estilos de crianza y en el desarrollo socio afectivo durante la infancia es una responsabilidad de los distintos profesionales y sectores para lograr un mejor desarrollo de habilidades, competencias parentales, habilidades emocionales y conductas prosociales en los niños, niñas y adolescentes.118 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 Ángela Cuervo Martínez Diversos estudios como los de Patterson, De Garmo & Forgatch (2004) brindan aportes sobre situaciones estresantes en la familia, pautas de crianza y ajuste en el desarrollo de los niños y niñas, en padres y madres; identifican y proponen cinco prácticas de crianza efectivas: el estímulo, la disciplina, el monitoreo, la solución de problemas y el involucramiento positivo con atención y cuidado. Estas prácticas orientan el diseño de propuestas de prevención e intervención con familias y cuidadores. Otras investigaciones, en este caso la planteada por Amaya (2008) genera una propuesta de programa-guía para el desarrollo de competencias emocionales y parentales desde una perspectiva comunitaria y preventiva, en la que resalta la importancia de orientar a los padres y madres en el desarrollo de estrategias cognitivas y de relajación que les permita controlar sus emociones de manera positiva en momentos de cierta tensión emocional. Asimismo, resulta necesario trabajar con los padres y madres las habilidades de comunicación con los hijos, los procesos de resolución de conflictos y de negociación, las estrategias para establecer límites y regulación del comportamiento en los hijos, y las habilidades para fomentar la autoestima y la asertividad de los padres y madres en el desarrollo de la función parental. Respecto a prevención, tipos de familia y cambios familiares, Jadue (2003) analiza algunos factores sociales que han aumentado las transformaciones familiares, e incrementado en los hijos el riesgo de bajo rendimiento, de fracaso, de problemas emocionales y conductuales en contextos escolares; por estas razones señala la necesidad de que en el sistema escolar se desarrollen mecanismos protectores y preventivos para los niños provenientes de familias monoparentales y disfuncionales especialmente.


Que es la psicología:

Es la disciplina que investiga sobre los procesos mentales de personas y animales. La palabra proviene del griego: psico- (actividad mental o alma) y -logía (estudio). Esta disciplina analiza las tres dimensiones de los mencionados procesos: cognitiva, afectiva y conductual.

Psicología
La psicología moderna se ha encargado de recopilar hechos sobre las conductas y las experiencias de los seres vivos, organizándolos en forma sistemática y elaborando teorías para su comprensión. Estos estudios permiten explicar su comportamiento y hasta en algunos casos, predecir sus acciones futuras.

A aquellas personas que desarrollan el estudio de la psicología se las denomina psicólogos. Esto significa, aquellos que analizan el comportamiento de los seres vivos desde un enfoque científico. Sigmund Freud,Carl Jung y Jean Piaget son considerados como algunos de los psicólogos pioneros.

Psicología
 La metodología de estudio de la psicología se divide en dos grandes ramas: aquella que entiende esta disciplina como una ciencia básica (también denominada experimental) y emplea una metodología científica-cuantitativa (contrasta hipótesis con variables que pueden cuantificarse en el marco de un entorno de experimentación), y otra que busca comprender el fenómeno psicológico mediante metodologías cualitativas que enriquezcan la descripción y ayuden a comprender los procesos.

DEFINICIÓN DE PSICOLOGÍA INFANTIL

En el griego y en el latín encontramos el origen etimológico de los dos vocablos que dan forma al término que ahora vamos a proceder a estudiar. En concreto el primero de aquellos, psicología, podemos determinar que emana del griego pues está conformado por la unión de psyche, que puede traducirse como “alma”, y de logia que es sinónimo de “el estudio de”.

Psicología infantil

Mientras, el segundo vocablo, infantil, tiene su origen en la palabra latina infantilis que es equivalente a “relativo a los bebés”.

La psicología infantil se encarga del estudio del comportamiento del niño, desde su nacimiento hasta su adolescencia. De esta forma, esta rama de la psicología se centra en el desarrollo físico, motor, cognitivo, perceptivo, afectivo y social. Así es como los psicólogos infantiles llevan adelante métodos para prever y resolver los problemas en la salud mental de los niños.

La psicología infantil atiende dos variables que pueden incidir en el desarrollo del niño: el factor ambiental, como la influencia de sus padres o de sus amigos, y el factor biológico, determinado por la genética.

Una de las cuestiones fundamentales que se intenta transmitir a través de la citada psicología infantil es también la necesidad de que los padres reaccionen y sepan cuando acudir a la misma para poder ponerle solución al problema que tiene su hijo, sea del tipo que sea. En este sentido, se establece que hay una serie de parámetros que son los que le pueden indicar al padre o a la madre que ha llegado el momento de solicitar la ayuda de especialistas.

Así, da a conocer que hay que optar por profesionales cuando se está viviendo una importante crisis en el seno familiar, cuando el pequeño tiene problemas en el colegio, cuando aquel tiene problemas de relación con sus compañeros, cuando su hijo está deprimido o cuando la personalidad y conducta de aquel ha cambiado radicalmente.

En cuanto a sus principales teorías, la psicología infantil se basa en la descripción de la personalidad y la percepción desarrollada por el austriaco Sigmund Freud, y en los conceptos del saber cognitivo propuestos por el suizo Jean Piaget.

Para la teoría freudiana, el desarrollo de una personalidad sana es imprescindible para satisfacer las necesidades instintivas del niño. Freud afirma que las tres etapas estructurales de la personalidad son el ello (la fuente de todos los instintos), el super-yo (representa las reglas sociales y morales) y el yo (la fase intermedia entre el ello y el super-yo).

Piaget, por su parte, se concentra en el conocimiento innato del niño, que aparece desde el nacimiento y que permite el aprendizaje sin necesidad de estímulos externos.

Muchas son las cuestiones y ámbitos que se pueden estudiar y solucionar a través de la psicología infantil. En este sentido habría que destacar especialmente el fracaso escolar, los problemas emocionales, el maltrato, el abuso sexual o los problemas de incontinencia.

Los trastornos psicológicos más comunes entre los niños son los vinculados al sueño, los terrores nocturnos, los miedos en general, la alimentación, la actividad (hiperquinesia, tics) y el lenguaje (tartamudeo, afasia y otros).



LA PSICOLOGIA EN EL DESARROLLO INFANTIL

¿Qué estudia la psicología del desarrollo?

En el estudio del desarrollo infantil, se establecen diversos aspectos a estudiar:

Desarrollo físico.

Hace referencia a los cambios en estatura, peso, desarrollo del cerebro, capacidad sensorial, habilidades motrices y salud. Estos cambios influyen en el intelecto y en la personalidad. Por ejemplo, casi todo lo que un niño aprende, lo hace a través de sus sentidos y su capacidad para moverse. En la infancia, el desarrollo físico y mental suelen ir unidos. En la adolescencia, los cambios físicos y hormonales, influirán en el desarrollo del autoconcepto.

 Desarrollo cognitivo

Hace referencia a las habilidades mentales, como memoria, aprendizaje, razonamiento y pensamiento. Los cambios en estas capacidades están relacionados con los aspectos emocional y motor. Por ejemplo, la ansiedad por separación (el miedo a que la madre no vuelva cuando se va) es posible debido al aumento de la memoria de un bebé. Si el bebé no pudiera recordar el pasado ni anticipar el futuro, no sentiría esa ansiedad.

Desarrollo social y de la personalidad

Hace referencia a la manera personal del ver el mundo, el sentido de sí mismo, las emociones y la forma de relacionarse con los demás. Los cambios a este nivel, afectan los aspectos cognitivo y físico. Por ejemplo, si un estudiante se siente muy ansioso a la hora de hacer un examen, puede obtener una nota muy baja porque está subestimando su verdadera capacidad.
Las etapas del desarrollo

Al estudiar el desarrollo de los niños, se observarán los diversos aspectos del desarrollo a lo largo de diferentes periodos de la vida: prenatal, infancia y etapa de los primeros pasos, niñez temprana, niñez intermedia y adolescencia.

1. Etapa prenatal. Abarca desde la concepción hasta el nacimiento.

Se forman los órganos y la estructura básica del cuerpo.
El crecimiento físico es el más rápido de toda la vida.
Es muy vulnerable a las influencias del medio ambiente.

2. Infancia y etapa de los primeros pasos. Abarca el nacimiento hasta los tres años.

Todos los sentidos funcionan al nacer.
El crecimiento físico y el desarrollo de las habilidades motrices es rápido.
La habilidad para aprender y recordar está presente desde las primeras semanas de vida.
Los vínculos con los padres y otras personas se forman hacia el final del primer año.
El sentido de conciencia de sí mismo se desarrolla en el segundo año.
La comprensión y el habla se desarrollan con rapidez.
Aumenta el interés en otros niños.

3. Niñez temprana. De los 3 a los 6 años.

La familia sigue siendo el punto central de sus vidas, aunque otros niños adquieren mayor importancia.
Mejoran la motricidad fina, la motricidad gruesa y la resistencia.
Aumentan el sentido de independencia, el autocontrol y el cuidado personal.
El juego, la creatividad y la imaginación se vuelven más elaborados.
La inmadurez cognitiva lleva a los niños a tener muchas ideas ilógicas acerca del mundo.
El comportamiento es principalmente egocéntrico, aunque crece la comprensión del punto de vista de otras personas.

Aspectos que influyen en el desarrollo

Durante su desarrollo, los niños se ven afectados por diversas influencias. Existen las influencias biológicas y las influencias ambientales.

Los genes que heredan de sus padres influyen en muchas de sus características. Esta predisposición básica se ve, a su vez, afectada por otras influencias.

Algunas influencias biológicas y del medio ambiente afectan por igual a todos los niños a la misma edad. Otras afectan a una misma generación (por ejemplo, una generación nacida durante una guerra).

 Por otra parte, existen influencias poco usuales o inesperadas que afectan solo a ciertas personas, como el divorcio o muerte de un padre, un accidente de tráfico, etc., y que pueden ejercer un gran impacto en la vida de una persona.


ÁMBITOS DE INFLUENCIA SOBRE EL DESARROLLO

En la actualidad, el desarrollo se considera resultado de la interrelación de distintos sistemas, en los que se dan mutuas y constantes influencias. Se parte por tanto de una idea de desarrollo dinámico, en constante flujo y cambio. El individuo estaría inmerso en un ambiente que le influye y a su vez es influido por él. Esta concepción del desarrollo parte de la denominada "teoría de sistemas" de Bronfen brenner, y se considera perteneciente al denominado modelo ecológico del desarrollo.

Bronfenbrenner organiza así los distintos sistemas que afectan al individuo en desarrollo:

  1.  Microsistema, que definiría el ambiente inmediato del individuo y todos los aspectos relativos a su vida diaria, como son la familia, la escuela o los amigos (en el caso, por ejemplo, de un niño).
  2.  Mesosistema, haría referencia a las relaciones entre los distintos microsistemas del individuo, como por ejemplo, las relaciones entre familia y escuela.
  3.  Exosistema, que definiría el ambiente alejado del individuo, aquel que no es tangible en su vida diaria, pero que le afecta de forma indirecta, como son las instituciones sociales, o el trabajo de los padres.
  4.  Macrosistema, o ambiente socio-cultural del individuo, que incluye los valores,

creencias, ideología política y otras influencias provenientes de la sociedad y cultura en la vive el individuo. Un ejemplo de macrosistema sería la concepción sobre la familia imperante en una determinada cultura.

El estudio del macrosistema nos permite definir una serie de contextos en los que enmarcar al sujeto en desarrollo, y que se describen a continuación.

CONTEXTOS DE DESARROLLO

Según Berger (2006), los factores contextuales generales más importantes en la vida del sujeto serían:


 Contexto histórico: Haría referencia al momento histórico que definiría la vida de una determinada generación o cohorte.
Contexto cultural: Determinado por los valores y creencias dominantes en una Determinada cultura o grupo social.  Contexto socioeconómico: Relativo al grupo social y condiciones socioeconómicas propias del mismo.

Así, de forma general podemos enmarcar al sujeto en desarrollo en una serie de contextos que ayudan a definirlo y explicarlo. No obstante, de forma más concreta el desarrollo se estudia a través de una serie de ámbitos comúnmente utilizados por los teóricos del desarrollo, el ámbito físico, cognitivo y social.

ÁMBITOS DE ESTUDIO DE LA PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO

Cuando analizamos los cambios que se producen en el individuo a lo largo de su desarrollo, podemos contemplarlos desde distintos ámbitos de estudio:

Ø  El ámbito físico, desde el que se analizarían la estabilidad, el cambio biológico y los determinantes del crecimiento físico.
Ø  El ámbito cognitivo, que incluiría el análisis de las capacidades intelectuales y su contribución al desarrollo del individuo.
Ø  El ámbito social y de la personalidad, que describe la evolución de las diferencias individuales y las relaciones sociales a lo largo del desarrollo.

Estos distintos aspectos del desarrollo han sido abordados de forma distinta en función de la teoría desde la que se plantea el desarrollo.