INTRODUCCIÓN
La familia influye en el
desarrollo socio afectivo del infante, ya que los modelos, valores, normas,
roles y habilidades se aprenden durante el período de la infancia, la cual está
relacionada con el manejo y resolución de conflictos, las habilidades sociales
y adaptativas, con las conductas pro sociales y con la regulación emocional,
entre otras. Aunque son multidimensionales los factores que afectan el
desarrollo de los niños y niñas, es importante identificar la influencia de la
familia y de los estilos y pautas de crianza en el desarrollo socio
afectivo, además de identificar factores de riesgo y problemas de salud mental
en la infancia, tales como: la depresión infantil, agresividad, baja
autoestima, problemas en conductas adaptativas, entre otras. Solís- Cámara et
al. (2007) definieron la crianza como las actitudes y comportamientos de los
padres y también realizaron investigaciones para establecer los factores que
afectan la participación de los padres, identificando el bienestar subjetivo,
las actitudes y las expectativas sobre el desarrollo del niño. Los cambios en
la familia, en las interacciones y en las pautas de crianza pueden afectar los
estilos parentales y el desarrollo socio afectivo en la infancia. Así, para
Cabrera, Guevara & Barrera (2006) la red familiar se reorganiza y las
relaciones se redefinen permanentemente; en las interacciones negativas en la
familia pueden crearse desajustes psicológicos en los hijos, lo cual dependerá
del grado de satisfacción que se tenga por ser padre. De igual manera, los
conflictos que enfrentan los padres diariamente y el estrés experimentado,
debido a funciones relacionadas con la crianza, pueden influir sobre las
características de los hijos y su ajuste emocional.
Salud mental y pautas de crianza
Existen diversos factores
biopsicosociales relacionados con la salud mental de los padres y cuidadores
que generan estrés, depresión, agresividad u otras alteraciones que a su vez
afectan los estilos de crianza y las relaciones con los hijos, por lo cual es
importante identificar esos factores de riesgo y generar factores protectores
para la salud mental, tanto de los cuidadores como de los niños, niñas y
adolescentes en sus familias. Oliva, Parra & Arranz (2008) proponen estilos
parentales relacionales asociados con el clima y caracterizados por el apoyo,
el afecto, la comunicación y la promoción de la autonomía desde una perspectiva
más multidimensional, no sólo de afecto y control en las pautas de crianza.
Oliva, Parra, Sánchez & López (2007) también estudian las relaciones entre
estilos parentales y ajuste del adolescente y destacan las relaciones con el
desarrollo de los hijos. Se encuentran además otras características de los
cuidadores o padres relacionados con los estilos de crianza y las interacciones
familiares. Así Pons- Salvador, Cerezo & Bernabé (2005) identificaron
factores asociados a los cambios que afectan negativamente la parentalidad,
como los antecedentes de castigo en la madre, la baja satisfacción materna y la
percepción negativa del bebé entre otros, que se convierten en factores de
riesgo para maltrato y alteraciones emocionales. En relación con antecedentes o
características psiquiátricas de los padres, Oates (1997) citado en Ezpeleta
(2005) realizó investigaciones con hijos de pacientes psiquiátricos asociados a
problemas conyugales, estrés, problemas psicosociales y encontró que aumentan
el riesgo de abuso, maltrato o rechazo hacia los hijos. También Gracia, Lila
& Musitu (2005) hallaron relación entre el rechazo parental percibido por
el hijo y el ajuste psicológico y social en relación con el afecto, la
hostilidad, la indiferencia o el rechazo percibido de los padres y la relación
con comportamientos internalizados como la ansiedad, la depresión, el
aislamiento social, la autoestima negativa y los problemas somáticos, y con
comportamientos externalizantes como la agresividad y la conducta disocial. La
crianza está afectada por las relaciones agresivas, la deprivación afectiva y
otras problemáticas de la familia, tal como lo encontró en sus resultados de
investigación Brady (2000) citado en Ezpeleta (2005), quien plantea que la
falta de afecto, el afecto negativo o la desaprobación a toda acción o
comportamiento de los padres, se relaciona con problemas externalizantes y con
baja autoestima en niños y, además, la vinculación insegura con los cuidadores
como un factor de mayor vulnerabilidad para la psicopatología infantil.
Ezpeleta (2005) también realiza reflexiones sobre las psicopatologías de los
padres y los trastornos emocionales, entre otros, como factores de riesgo de
problemas comportamentales y emocionales en la infancia.
Depresión
A partir de la enunciación de los
factores de riesgo para problemas del desarrollo socio afectivo en la infancia
y las conductas parentales inadecuadas, es necesario identificar los cambios
que se presentan y las problemáticas familiares asociadas a trastornos
emocionales para orientar la prevención y la intervención oportuna. Los
problemas emocionales de los padres, como: la depresión, influyen en los niños,
niñas y adolescentes, generándoles modelos inadecuados o prácticas negativas
para su desarrollo. Entre las investigaciones sobre depresión y pautas de
crianza se encuentran las de Knoche, Givens & Sheridan (2007) las cuales
identificaron relaciones entre depresión materna, sentido parental y el
desarrollo cognitivo de los hijos, pero no encontraron diferencias
significativas. En otras investigaciones Markrowitz (2007), se establecieron
relaciones entre madres con depresión mayor y los comportamientos y el desarrollo
de los hijos, presentando alteraciones del sueño y emocionales, especialmente.
También, Newcomb, Mineka, Zinbarg & Griffith (2007) plantean que la
sobreprotección y la percepción negativa del cuidado y la crianza se relacionan
con síntomas de desórdenes emocionales en la infancia y la adolescencia como la
depresión y la ansiedad. En otras investigaciones sobre depresión materna y
pautas de crianza Maughan, Cicchetti, Toth & Rogosch (2007) analizaron los
efectos de la depresión materna y las conductas parentales negativas en el
desarrollo sociemocional y en los patrones de regulación emocional de los
hijos; encontraron que la depresión materna es un factor de riesgo que afecta
el ajuste socioemocional y la aceptación social de los hijos. Con respecto a la
depresión materna, la autoestima y las pautas de crianza, Gerdes et al. (2007)
realizaron investigaciones para establecer las relaciones entre depresión
materna, autoestima y locus de control y conductas parentales relacionadas con
la eficacia parental y el estrés parental en padres de niños con trastorno por
déficit atencional, con hiperactividad. Por otra parte, Chávez & González
(2008) estudiaron la depresión perinatal y los efectos en el apego y en las
relaciones con los hijos y en los factores socioculturales de riesgo para la
depresión materna como un insumo para futuras investigaciones y programas de prevención.
Estrés
En cuanto al estrés y sus
implicaciones en la conducta parental, Mistry, Stevens, Sareen, De Vo-114
REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 Ángela
Cuervo Martínez gli & Halfo (2007) realizaron estudios sobre salud mental
materna y la influencia en el desarrollo de los niños. Así, el estrés, la
depresión o la ansiedad están asociados con problemas socioeconómicos,
conflictos familiares y falta de redes de apoyo, lo cual afecta las pautas de
crianza y por tanto son importantes los programas de prevención y de apoyo a
las familias con riesgos en la salud mental. En el mismo sentido Long, Gurka
& Blackman (2008) plantean las relaciones entre estrés parental y problemas
comportamentales y de lenguaje en niños preescolares, familias con hijos con
discapacidades, trastornos del lenguaje, autismo o problemas comportamentales,
presentan mayores niveles de estrés y esto afecta la conducta parental. Además
se han realizado estudios como los de López, Clifford, Minnes &
Ouellette-Kuntz (2008) que encontraron que los padres de niños con
discapacidades presentan incremento en los niveles de estrés parental, que varía
dependiendo de la percepción de las situaciones y de las estrategias de
afrontamiento que se tengan, lo cual resalta la importancia de las primeras
intervenciones, la educación y el apoyo a los padres y cuidadores de niños con
discapacidades y alteraciones del desarrollo. Rosenzweig, Brennan, Huffstutter
& Bradley (2008) en sus investigaciones encontraron relaciones entre los
niveles de estrés en la familia y el cuidado adecuado para niños con
discapacidades por factores como el trabajo, la flexibilidad, las dificultades
en el cuidado y los niveles de satisfacción. Otras investigaciones relacionan
la salud mental de los padres con la salud mental de los hijos. Este es el caso
de Gewirtz, Forgatch & Wieling (2008) quienes plantean que los efectos de
eventos traumáticos en la infancia está mediado por el efecto de los eventos
traumáticos en los padres o cuidadores, ya que las prácticas y pautas de
crianza cambian y afectan el ajuste durante la infancia. Esto es importante
para la prevención de problemáticas en la infancia y para la identificación de
factores de riesgo o protectores en la familia. Entre las problemáticas
emocionales de los padres o cuidadores que influyen en las relaciones con los
hijos y en los estilos de crianza está el estrés, como se evidencia en las
investigaciones de Vera, Grubits & Rodríguez (2007), en lo que se refiere
al estrés de la madre en las pautas de crianza de niños de uno a cinco años y
la estimulación, y en el que se encuentra que a mayor manejo del estrés hay
mayor estimulación del desarrollo de los niños. También Deater-Deckard (2004)
plantea que las alteraciones en la conducta parental resultante de estrés se
relacionan con problemas emocionales y cognitivos en el desarrollo durante la
infancia; además, los problemas de comportamiento de los niños también alteran
el comportamiento parental estableciéndose una relación bidireccional. Respecto
al estrés y edad de los hijos Oliva, Montero & Gutiérrez (2006) estudiaron
las relaciones entre el estrés percibido por los padres por sus experiencias
personales y el estrés percibido por las características de sus hijos de cuatro
a seis años de edad. Encontraron que el estrés parental aumenta con el nivel
socioeconómico bajo y con la edad de los hijos. También hacen recomendaciones
para la detección y prevención temprana de problemas emocionales y conductuales
en la infancia. Se evidencia así la necesidad de intervenir y orientar a las
familias y cuidadores en las estrategias para disminuir el estrés parental y
sus relaciones con estilos y prácticas de crianza inadecuadas y que no
favorecen el desarrollo socio afectivo durante la infancia.
Parentalidad y desarrollo socio afectivo (socialización)
La socialización de la infancia
se produce mediante las prácticas de crianza, entendidas como la manera en que
los padres (y en general la estructura familiar) orientan el desarrollo del
niño/a y le transmiten un conjunto de valores y normas que facilitan su
incorporación al grupo social. De manera simple, las prácticas de crianza son
las REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 115
Pautas de crianza y desarrollo socio afectivo en la infancia acciones llevadas
a cabo por los padres y personas responsables del cuidado del niño/a para dar
respuesta cotidianamente a sus necesidades (Myers, 1994). Torío, Peña &
Caro (2008) encontraron que los padres de niños de cinco a ocho años no tienen
un estilo de crianza definido; algunas veces son democráticos y otras veces son
autoritarios, lo cual debe considerarse para modificar o mejorar las prácticas
educativas existentes en la familia. Henao, Ramírez & Ramírez (2007)
plantean la importancia de la familia en la socialización y desarrollo durante
la infancia. La combinación de costumbres y hábitos de crianza de los padres,
la sensibilidad hacia las necesidades de su hijo, la aceptación de su
individualidad; el afecto que se expresa y los mecanismos de control son la
base para regular el comportamiento de sus hijos. Destacan la importancia de la
comunicación en las pautas de crianza. Algunos estudios como los de Schwebel,
Brezausek, Ramey & Ramey (2004) coinciden en que los niños
temperamentalmente difíciles necesitan una mayor cantidad de tiempo y de
recursos para alcanzar un adecuado desarrollo social. También Ato, Galián &
Huéscar (2007) analizaron las relaciones entre estilos de crianza, temperamento
y ajuste socioemocional en la infancia y proponen los modelos interactivos que
los estilos de crianza influyen diferencialmente en el ajuste en función del
temperamento de los niños y niñas. Además, es importante tener en cuenta otras
variables como la etapa evolutiva, el género del niño, los recursos económicos,
las características de la personalidad de los padres, entre otros. Con respecto
a estilos de crianza autoritarios Mulsow (2008) propone que la familia es un
agente que afecta los aspectos socio-emocionales al ofrecer modelos que sean
compatibles con la realidad vital, y da oportunidades para desarrollarse
emocionalmente. Los estilos autoritarios y castigadores generan un desarrollo emocional
disfuncional y deficitario en estrategias y competencias emocionales para la
adaptación en distintos contextos a lo largo de la vida. Según Rodríguez (2007)
la familia es el primer contexto para la transmisión de las normas, valores y
modelos de comportamiento, es la familia la que socializa al niño permitiéndole
interiorizar los elementos básicos de la cultura y desarrollar las bases de su
personalidad; cada familia asume las pautas de crianza dependiendo de sus
características, dinámica y factores contextuales, así como los recursos y
apoyos, entre otros. Por último, Berk (2004) destaca la importancia de la
familia en el proceso de socialización y aprendizaje de los niños a lo largo de
su desarrollo y de su vida escolar; en consecuencia, los padres facilitan el
desarrollo de competencias sociales. Emociones Las reacciones de los padres
ante las emociones de los hijos juegan un papel importante en el desarrollo
socioemocional. O’neal & Magai (2005) observaron la socialización parental
y la relación con emocionalidad negativa en la infancia. Estévez, Musitu &
Herrero (2005) plantean en sus investigaciones las relaciones entre el contexto
familiar y los problemas de comunicación como uno de los factores de riesgo
para el ajuste psicológico de los adolescentes; además, analizaron la
influencia de los problemas de comunicación (padre y madre por separado) y el
ajuste escolar en la salud mental de los adolescentes, (malestar psicológico,
sintomatología depresiva y estrés percibido). También plantean la posibilidad
de la bidireccionalidad, es decir, que el ajuste emocional de los adolescentes
afecta la comunicación y la dinámica familiar. Rutter & Sroufe (2000)
realizaron investigaciones sobre las contribuciones de los estilos de crianza y
las prácticas de crianza de la familia en el desarrollo emocional durante la
infancia y en relación con problemas externalizantes de comportamiento. Shapiro
(1997) sostiene que los niños están afectados por la falta de atención familiar
y que su desarrollo emocional es mucho más vulnerable ante situaciones
estresantes y por la falta de modelos adecuados para el desarrollo
emocional.116 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1,
2010 Ángela Cuervo Martínez Familia, habilidades sociales y conducta prosocial
La familia y las pautas de crianza adecuadas facilitan el desarrollo de
habilidades sociales y de conductas prosociales en la infancia, por lo cual es
importante brindar sensibilización y orientación. Mestre et al. (1999) destacan
que el tipo de normas que una familia establece, los recursos y procedimientos
que utilizan para hacer cumplir dichas normas, junto con el grado de
afectividad, comunicación y apoyo entre padres e hijos, son fundamentales para
el crecimiento personal, la interiorización de valores, las habilidades
sociales y la toma de decisiones para resolver conflictos. Con respecto a la
autoestima Alonso & Román (2005) estudiaron la relación de diferentes
estilos parentales y la autoestima en familias con hijos de tres a cinco años,
encontrando que a mayor grado de autoestima en los niños corresponde un mayor
grado de autoestima valorado por los padres. Los padres utilizan diferentes
estrategias educativas en función del tipo de conflicto y de la situación en la
que se encuentren sus hijos, de esta forma, son más estrictos en las
transgresiones de normas y mucho más permisivos y tolerantes en los conflictos
internos y externos. El desarrollo socio afectivo y la socialización en la
infancia está relacionado con la participación, la crianza y la estimulación en
la familia, como se destaca en los lineamientos de La UNICEF (2004), al
resaltar la participación del padre y la familia en la crianza y desarrollo
infantil y en la importancia de identificar y optimizar las fortalezas de la
familia en la crianza de los niños y niñas. El desarrollo psicosocial en la
infancia influirá significativamente en las oportunidades de aprendizaje y
sociales que pueda tener en el futuro. Las familias con estilos democráticos o
asertivos promueven un adecuado desarrollo socio afectivo. En sus
investigaciones Richard de Minzi (2005) encontró que las familias democráticas
promueven afrontamientos adaptativos y protectores ante la depresión y la
soledad, mientras que las familias autoritarias generan inseguridad, evitación
de los problemas, afrontamientos desadaptativos, depresión, además, la soledad
está asociada al rechazo y al desinterés de los padres. Conductas prosociales
El hogar es un espacio facilitador de conductas prosociales como lo analiza
Rodríguez (2007), ya que el ensayo en la realización de conductas prosociales
estimula tendencias prosociales. Los niños a quienes se les asigna la
responsabilidad de enseñar conductas prosociales a otros niños muestran más
conductas prosociales en otras situaciones. De manera similar, a los niños que
se les asigna la realización de tareas domésticas, o actividades de apoyo a los
hermanos (especialmente tareas que comparten responsabilidad hacia los demás),
tienden a ser más prosociales que otros niños. También, Mestre, Samper, Tur
& Diez (2001) en sus investigaciones respecto a la relación de estilos de
crianza y desarrollo prosocial de los hijos, concluyen la importancia de la
dimensión afectiva en las relaciones familiares, incluyendo evaluaciones
positivas del hijo, interés, apoyo emocional y la coherencia en la aplicación
de normas. Destacan también que las relaciones con los hijos deben ser
adecuadas a su edad o nivel de desarrollo. Mestre et al. (2007) encontraron que
cuando la madre es quien evalúa los estilos de crianza, los hijos alcanzan
menor poder predictor en el comportamiento prosocial. La evaluación positiva
del hijo(a), el apoyo emocional (junto con la coherencia en la aplicación de
las normas) es el estilo de crianza más relacionado positivamente con la
empatía y con el comportamiento prosocial. Así pues, la convivencia familiar
que percibe el adolescente, caracterizada por el afecto y apoyo emocional
especialmente por parte de su madre y junto con la estimulación de la autonomía
del hijo, alcanza un poder predictor del comportamiento prosocial. Se puede
concluir que el comportamiento prosocial y el comportamiento agresivo son los
extremos de una dimensión modulada por procesos cognitivos y emocionales de
signo contrario, en los que los estilos de crianza contribuyen a su desarrollo.
REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 117 Pautas
de crianza y desarrollo socio afectivo en la infancia Parentalidad, estilos de
crianza y factores de riesgo en el desarrollo socio afectivo Ramírez (2002) plantea
que las prácticas de crianza que utilizan los padres se relacionan con los
problemas de conducta de los hijos; como prácticas de crianza inadecuadas:
afecto negativo, castigos no físicos, control autoritario y énfasis en el
logro, los hijos tienen mayor probabilidad de presentar problemas de conducta
tanto externos como internos. Concretamente, el afecto negativo predice
conducta agresiva, problemas de atención y de comportamiento, El control
autoritario predice ansiedad/depresión y el énfasis en el logro predice
ansiedad/depresión, problemas sociales. También Ramírez (2007) en sus
investigaciones muestra la relación entre los conflictos maritales, las pautas
de crianza y el comportamiento de los niños y encuentra que los problemas
comportamentales aumentan en la medida en que aumentan los conflictos
matrimoniales y las prácticas de crianza inadecuadas (como control autoritario,
énfasis en el logro y castigos no físicos), y disminuyen las adecuadas (como
expresión de afecto, guía razonada y disfrutar con el niño). En otros estudios
de pautas de crianza y prematuros Mora & Rojas (2005) observaron la crianza
y los estilos predominantes en madres de prematuros, presentándose mayores
alteraciones en las pautas de crianza de madres adolescentes o mayores de bebés
prematuros en las cuales no se establecen límites y normas claras; además
afectan la dinámica familiar la vulnerabilidad socioeconómica e incrementan los
riesgos de maltrato y negligencia entre otras. Además existen investigaciones
entre prácticas de crianza negativas y alteraciones en la infancia.
Paulussen-Hoogeboom, Stams, Hermanns, Peetsma & Van den Wittenboer (2008)
analizaron las relaciones entre emocionalidad negativa, comportamientos
internalizantes y externalizantes con el estilo parental autoritario. Eshel,
Daelmans, Cabral & Martínez (2006) realizaron investigaciones para
establecer relaciones entre responsabilidad y receptividad parental y la
presentación de comportamientos internalizantes y externalizantes. El apoyo, el
afecto y las interacciones apropiadas ayudan al desarrollo cognitivo y
psicosocial durante la infancia. En el mismo sentido, el cuidado, la salud y el
desarrollo están relacionados con la aceptación y la receptividad que los
padres tengan de sus hijos. También se han encontrado relaciones entre los
estilos permisivos y autoritarios con el desarrollo cognoscitivo y emocional
como las observadas por Arvelo (2003), quien analizó la función paterna, las
prácticas de crianza y el desarrollo en adolescentes, encontrando relación con
problemas de bajo rendimiento escolar, dificultades en la comunicación,
hostilidad, depresión, mentiras frecuentes y conductas transgresoras. En lo que
se refiere a las pautas de crianza se detectó una permisividad por parte de los
padres y especialmente las madres. Con respecto a estilos de crianza y género
Winsler, Madigan & Aquilino (2005) en sus investigaciones sobre paternidad
encontraron diferencias en los estilos entre los padres y las madres,
percibiéndose las madres como más autoritarias que los padres. Los estilos de
crianza inadecuados de los padres durante la infancia se relacionan como
factores de riesgo de problemáticas cognoscitivas o socio afectivas y sobre los
cuales se deben orientar las estrategias de prevención en la familia y generar
espacios para desarrollar habilidades sociales y conductas prosociales en otros
contextos. Pautas de crianza y prevención de problemas en el desarrollo socio
afectivo en la infancia La prevención de factores de riesgo en la familia que
influya negativamente en los estilos de crianza y en el desarrollo socio
afectivo durante la infancia es una responsabilidad de los distintos
profesionales y sectores para lograr un mejor desarrollo de habilidades,
competencias parentales, habilidades emocionales y conductas prosociales en los
niños, niñas y adolescentes.118 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA
- Vol. 6, No 1, 2010 Ángela Cuervo Martínez Diversos estudios como los de
Patterson, De Garmo & Forgatch (2004) brindan aportes sobre situaciones
estresantes en la familia, pautas de crianza y ajuste en el desarrollo de los
niños y niñas, en padres y madres; identifican y proponen cinco prácticas de
crianza efectivas: el estímulo, la disciplina, el monitoreo, la solución de
problemas y el involucramiento positivo con atención y cuidado. Estas prácticas
orientan el diseño de propuestas de prevención e intervención con familias y
cuidadores. Otras investigaciones, en este caso la planteada por Amaya (2008)
genera una propuesta de programa-guía para el desarrollo de competencias
emocionales y parentales desde una perspectiva comunitaria y preventiva, en la
que resalta la importancia de orientar a los padres y madres en el desarrollo
de estrategias cognitivas y de relajación que les permita controlar sus
emociones de manera positiva en momentos de cierta tensión emocional. Asimismo,
resulta necesario trabajar con los padres y madres las habilidades de
comunicación con los hijos, los procesos de resolución de conflictos y de
negociación, las estrategias para establecer límites y regulación del
comportamiento en los hijos, y las habilidades para fomentar la autoestima y la
asertividad de los padres y madres en el desarrollo de la función parental.
Respecto a prevención, tipos de familia y cambios familiares, Jadue (2003) analiza
algunos factores sociales que han aumentado las transformaciones familiares, e
incrementado en los hijos el riesgo de bajo rendimiento, de fracaso, de
problemas emocionales y conductuales en contextos escolares; por estas razones
señala la necesidad de que en el sistema escolar se desarrollen mecanismos
protectores y preventivos para los niños provenientes de familias
monoparentales y disfuncionales especialmente.
Depresión
A partir de la enunciación de los
factores de riesgo para problemas del desarrollo socio afectivo en la infancia
y las conductas parentales inadecuadas, es necesario identificar los cambios
que se presentan y las problemáticas familiares asociadas a trastornos
emocionales para orientar la prevención y la intervención oportuna. Los
problemas emocionales de los padres, como: la depresión, influyen en los niños,
niñas y adolescentes, generándoles modelos inadecuados o prácticas negativas
para su desarrollo. Entre las investigaciones sobre depresión y pautas de
crianza se encuentran las de Knoche, Givens & Sheridan (2007) las cuales
identificaron relaciones entre depresión materna, sentido parental y el
desarrollo cognitivo de los hijos, pero no encontraron diferencias
significativas. En otras investigaciones Markrowitz (2007), se establecieron
relaciones entre madres con depresión mayor y los comportamientos y el desarrollo
de los hijos, presentando alteraciones del sueño y emocionales, especialmente.
También, Newcomb, Mineka, Zinbarg & Griffith (2007) plantean que la
sobreprotección y la percepción negativa del cuidado y la crianza se relacionan
con síntomas de desórdenes emocionales en la infancia y la adolescencia como la
depresión y la ansiedad. En otras investigaciones sobre depresión materna y
pautas de crianza Maughan, Cicchetti, Toth & Rogosch (2007) analizaron los
efectos de la depresión materna y las conductas parentales negativas en el
desarrollo sociemocional y en los patrones de regulación emocional de los
hijos; encontraron que la depresión materna es un factor de riesgo que afecta
el ajuste socioemocional y la aceptación social de los hijos. Con respecto a la
depresión materna, la autoestima y las pautas de crianza, Gerdes et al. (2007)
realizaron investigaciones para establecer las relaciones entre depresión
materna, autoestima y locus de control y conductas parentales relacionadas con
la eficacia parental y el estrés parental en padres de niños con trastorno por
déficit atencional, con hiperactividad. Por otra parte, Chávez & González
(2008) estudiaron la depresión perinatal y los efectos en el apego y en las
relaciones con los hijos y en los factores socioculturales de riesgo para la
depresión materna como un insumo para futuras investigaciones y programas de prevención.
Estrés
En cuanto al estrés y sus
implicaciones en la conducta parental, Mistry, Stevens, Sareen, De Vo-114
REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 Ángela
Cuervo Martínez gli & Halfo (2007) realizaron estudios sobre salud mental
materna y la influencia en el desarrollo de los niños. Así, el estrés, la
depresión o la ansiedad están asociados con problemas socioeconómicos,
conflictos familiares y falta de redes de apoyo, lo cual afecta las pautas de
crianza y por tanto son importantes los programas de prevención y de apoyo a
las familias con riesgos en la salud mental. En el mismo sentido Long, Gurka
& Blackman (2008) plantean las relaciones entre estrés parental y problemas
comportamentales y de lenguaje en niños preescolares, familias con hijos con
discapacidades, trastornos del lenguaje, autismo o problemas comportamentales,
presentan mayores niveles de estrés y esto afecta la conducta parental. Además
se han realizado estudios como los de López, Clifford, Minnes &
Ouellette-Kuntz (2008) que encontraron que los padres de niños con
discapacidades presentan incremento en los niveles de estrés parental, que varía
dependiendo de la percepción de las situaciones y de las estrategias de
afrontamiento que se tengan, lo cual resalta la importancia de las primeras
intervenciones, la educación y el apoyo a los padres y cuidadores de niños con
discapacidades y alteraciones del desarrollo. Rosenzweig, Brennan, Huffstutter
& Bradley (2008) en sus investigaciones encontraron relaciones entre los
niveles de estrés en la familia y el cuidado adecuado para niños con
discapacidades por factores como el trabajo, la flexibilidad, las dificultades
en el cuidado y los niveles de satisfacción. Otras investigaciones relacionan
la salud mental de los padres con la salud mental de los hijos. Este es el caso
de Gewirtz, Forgatch & Wieling (2008) quienes plantean que los efectos de
eventos traumáticos en la infancia está mediado por el efecto de los eventos
traumáticos en los padres o cuidadores, ya que las prácticas y pautas de
crianza cambian y afectan el ajuste durante la infancia. Esto es importante
para la prevención de problemáticas en la infancia y para la identificación de
factores de riesgo o protectores en la familia. Entre las problemáticas
emocionales de los padres o cuidadores que influyen en las relaciones con los
hijos y en los estilos de crianza está el estrés, como se evidencia en las
investigaciones de Vera, Grubits & Rodríguez (2007), en lo que se refiere
al estrés de la madre en las pautas de crianza de niños de uno a cinco años y
la estimulación, y en el que se encuentra que a mayor manejo del estrés hay
mayor estimulación del desarrollo de los niños. También Deater-Deckard (2004)
plantea que las alteraciones en la conducta parental resultante de estrés se
relacionan con problemas emocionales y cognitivos en el desarrollo durante la
infancia; además, los problemas de comportamiento de los niños también alteran
el comportamiento parental estableciéndose una relación bidireccional. Respecto
al estrés y edad de los hijos Oliva, Montero & Gutiérrez (2006) estudiaron
las relaciones entre el estrés percibido por los padres por sus experiencias
personales y el estrés percibido por las características de sus hijos de cuatro
a seis años de edad. Encontraron que el estrés parental aumenta con el nivel
socioeconómico bajo y con la edad de los hijos. También hacen recomendaciones
para la detección y prevención temprana de problemas emocionales y conductuales
en la infancia. Se evidencia así la necesidad de intervenir y orientar a las
familias y cuidadores en las estrategias para disminuir el estrés parental y
sus relaciones con estilos y prácticas de crianza inadecuadas y que no
favorecen el desarrollo socio afectivo durante la infancia.
Parentalidad y desarrollo socio afectivo (socialización)
La socialización de la infancia
se produce mediante las prácticas de crianza, entendidas como la manera en que
los padres (y en general la estructura familiar) orientan el desarrollo del
niño/a y le transmiten un conjunto de valores y normas que facilitan su
incorporación al grupo social. De manera simple, las prácticas de crianza son
las REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 115
Pautas de crianza y desarrollo socio afectivo en la infancia acciones llevadas
a cabo por los padres y personas responsables del cuidado del niño/a para dar
respuesta cotidianamente a sus necesidades (Myers, 1994). Torío, Peña &
Caro (2008) encontraron que los padres de niños de cinco a ocho años no tienen
un estilo de crianza definido; algunas veces son democráticos y otras veces son
autoritarios, lo cual debe considerarse para modificar o mejorar las prácticas
educativas existentes en la familia. Henao, Ramírez & Ramírez (2007)
plantean la importancia de la familia en la socialización y desarrollo durante
la infancia. La combinación de costumbres y hábitos de crianza de los padres,
la sensibilidad hacia las necesidades de su hijo, la aceptación de su
individualidad; el afecto que se expresa y los mecanismos de control son la
base para regular el comportamiento de sus hijos. Destacan la importancia de la
comunicación en las pautas de crianza. Algunos estudios como los de Schwebel,
Brezausek, Ramey & Ramey (2004) coinciden en que los niños
temperamentalmente difíciles necesitan una mayor cantidad de tiempo y de
recursos para alcanzar un adecuado desarrollo social. También Ato, Galián &
Huéscar (2007) analizaron las relaciones entre estilos de crianza, temperamento
y ajuste socioemocional en la infancia y proponen los modelos interactivos que
los estilos de crianza influyen diferencialmente en el ajuste en función del
temperamento de los niños y niñas. Además, es importante tener en cuenta otras
variables como la etapa evolutiva, el género del niño, los recursos económicos,
las características de la personalidad de los padres, entre otros. Con respecto
a estilos de crianza autoritarios Mulsow (2008) propone que la familia es un
agente que afecta los aspectos socio-emocionales al ofrecer modelos que sean
compatibles con la realidad vital, y da oportunidades para desarrollarse
emocionalmente. Los estilos autoritarios y castigadores generan un desarrollo emocional
disfuncional y deficitario en estrategias y competencias emocionales para la
adaptación en distintos contextos a lo largo de la vida. Según Rodríguez (2007)
la familia es el primer contexto para la transmisión de las normas, valores y
modelos de comportamiento, es la familia la que socializa al niño permitiéndole
interiorizar los elementos básicos de la cultura y desarrollar las bases de su
personalidad; cada familia asume las pautas de crianza dependiendo de sus
características, dinámica y factores contextuales, así como los recursos y
apoyos, entre otros. Por último, Berk (2004) destaca la importancia de la
familia en el proceso de socialización y aprendizaje de los niños a lo largo de
su desarrollo y de su vida escolar; en consecuencia, los padres facilitan el
desarrollo de competencias sociales. Emociones Las reacciones de los padres
ante las emociones de los hijos juegan un papel importante en el desarrollo
socioemocional. O’neal & Magai (2005) observaron la socialización parental
y la relación con emocionalidad negativa en la infancia. Estévez, Musitu &
Herrero (2005) plantean en sus investigaciones las relaciones entre el contexto
familiar y los problemas de comunicación como uno de los factores de riesgo
para el ajuste psicológico de los adolescentes; además, analizaron la
influencia de los problemas de comunicación (padre y madre por separado) y el
ajuste escolar en la salud mental de los adolescentes, (malestar psicológico,
sintomatología depresiva y estrés percibido). También plantean la posibilidad
de la bidireccionalidad, es decir, que el ajuste emocional de los adolescentes
afecta la comunicación y la dinámica familiar. Rutter & Sroufe (2000)
realizaron investigaciones sobre las contribuciones de los estilos de crianza y
las prácticas de crianza de la familia en el desarrollo emocional durante la
infancia y en relación con problemas externalizantes de comportamiento. Shapiro
(1997) sostiene que los niños están afectados por la falta de atención familiar
y que su desarrollo emocional es mucho más vulnerable ante situaciones
estresantes y por la falta de modelos adecuados para el desarrollo
emocional.116 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1,
2010 Ángela Cuervo Martínez Familia, habilidades sociales y conducta prosocial
La familia y las pautas de crianza adecuadas facilitan el desarrollo de
habilidades sociales y de conductas prosociales en la infancia, por lo cual es
importante brindar sensibilización y orientación. Mestre et al. (1999) destacan
que el tipo de normas que una familia establece, los recursos y procedimientos
que utilizan para hacer cumplir dichas normas, junto con el grado de
afectividad, comunicación y apoyo entre padres e hijos, son fundamentales para
el crecimiento personal, la interiorización de valores, las habilidades
sociales y la toma de decisiones para resolver conflictos. Con respecto a la
autoestima Alonso & Román (2005) estudiaron la relación de diferentes
estilos parentales y la autoestima en familias con hijos de tres a cinco años,
encontrando que a mayor grado de autoestima en los niños corresponde un mayor
grado de autoestima valorado por los padres. Los padres utilizan diferentes
estrategias educativas en función del tipo de conflicto y de la situación en la
que se encuentren sus hijos, de esta forma, son más estrictos en las
transgresiones de normas y mucho más permisivos y tolerantes en los conflictos
internos y externos. El desarrollo socio afectivo y la socialización en la
infancia está relacionado con la participación, la crianza y la estimulación en
la familia, como se destaca en los lineamientos de La UNICEF (2004), al
resaltar la participación del padre y la familia en la crianza y desarrollo
infantil y en la importancia de identificar y optimizar las fortalezas de la
familia en la crianza de los niños y niñas. El desarrollo psicosocial en la
infancia influirá significativamente en las oportunidades de aprendizaje y
sociales que pueda tener en el futuro. Las familias con estilos democráticos o
asertivos promueven un adecuado desarrollo socio afectivo. En sus
investigaciones Richard de Minzi (2005) encontró que las familias democráticas
promueven afrontamientos adaptativos y protectores ante la depresión y la
soledad, mientras que las familias autoritarias generan inseguridad, evitación
de los problemas, afrontamientos desadaptativos, depresión, además, la soledad
está asociada al rechazo y al desinterés de los padres. Conductas prosociales
El hogar es un espacio facilitador de conductas prosociales como lo analiza
Rodríguez (2007), ya que el ensayo en la realización de conductas prosociales
estimula tendencias prosociales. Los niños a quienes se les asigna la
responsabilidad de enseñar conductas prosociales a otros niños muestran más
conductas prosociales en otras situaciones. De manera similar, a los niños que
se les asigna la realización de tareas domésticas, o actividades de apoyo a los
hermanos (especialmente tareas que comparten responsabilidad hacia los demás),
tienden a ser más prosociales que otros niños. También, Mestre, Samper, Tur
& Diez (2001) en sus investigaciones respecto a la relación de estilos de
crianza y desarrollo prosocial de los hijos, concluyen la importancia de la
dimensión afectiva en las relaciones familiares, incluyendo evaluaciones
positivas del hijo, interés, apoyo emocional y la coherencia en la aplicación
de normas. Destacan también que las relaciones con los hijos deben ser
adecuadas a su edad o nivel de desarrollo. Mestre et al. (2007) encontraron que
cuando la madre es quien evalúa los estilos de crianza, los hijos alcanzan
menor poder predictor en el comportamiento prosocial. La evaluación positiva
del hijo(a), el apoyo emocional (junto con la coherencia en la aplicación de
las normas) es el estilo de crianza más relacionado positivamente con la
empatía y con el comportamiento prosocial. Así pues, la convivencia familiar
que percibe el adolescente, caracterizada por el afecto y apoyo emocional
especialmente por parte de su madre y junto con la estimulación de la autonomía
del hijo, alcanza un poder predictor del comportamiento prosocial. Se puede
concluir que el comportamiento prosocial y el comportamiento agresivo son los
extremos de una dimensión modulada por procesos cognitivos y emocionales de
signo contrario, en los que los estilos de crianza contribuyen a su desarrollo.
REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA - Vol. 6, No 1, 2010 117 Pautas
de crianza y desarrollo socio afectivo en la infancia Parentalidad, estilos de
crianza y factores de riesgo en el desarrollo socio afectivo Ramírez (2002) plantea
que las prácticas de crianza que utilizan los padres se relacionan con los
problemas de conducta de los hijos; como prácticas de crianza inadecuadas:
afecto negativo, castigos no físicos, control autoritario y énfasis en el
logro, los hijos tienen mayor probabilidad de presentar problemas de conducta
tanto externos como internos. Concretamente, el afecto negativo predice
conducta agresiva, problemas de atención y de comportamiento, El control
autoritario predice ansiedad/depresión y el énfasis en el logro predice
ansiedad/depresión, problemas sociales. También Ramírez (2007) en sus
investigaciones muestra la relación entre los conflictos maritales, las pautas
de crianza y el comportamiento de los niños y encuentra que los problemas
comportamentales aumentan en la medida en que aumentan los conflictos
matrimoniales y las prácticas de crianza inadecuadas (como control autoritario,
énfasis en el logro y castigos no físicos), y disminuyen las adecuadas (como
expresión de afecto, guía razonada y disfrutar con el niño). En otros estudios
de pautas de crianza y prematuros Mora & Rojas (2005) observaron la crianza
y los estilos predominantes en madres de prematuros, presentándose mayores
alteraciones en las pautas de crianza de madres adolescentes o mayores de bebés
prematuros en las cuales no se establecen límites y normas claras; además
afectan la dinámica familiar la vulnerabilidad socioeconómica e incrementan los
riesgos de maltrato y negligencia entre otras. Además existen investigaciones
entre prácticas de crianza negativas y alteraciones en la infancia.
Paulussen-Hoogeboom, Stams, Hermanns, Peetsma & Van den Wittenboer (2008)
analizaron las relaciones entre emocionalidad negativa, comportamientos
internalizantes y externalizantes con el estilo parental autoritario. Eshel,
Daelmans, Cabral & Martínez (2006) realizaron investigaciones para
establecer relaciones entre responsabilidad y receptividad parental y la
presentación de comportamientos internalizantes y externalizantes. El apoyo, el
afecto y las interacciones apropiadas ayudan al desarrollo cognitivo y
psicosocial durante la infancia. En el mismo sentido, el cuidado, la salud y el
desarrollo están relacionados con la aceptación y la receptividad que los
padres tengan de sus hijos. También se han encontrado relaciones entre los
estilos permisivos y autoritarios con el desarrollo cognoscitivo y emocional
como las observadas por Arvelo (2003), quien analizó la función paterna, las
prácticas de crianza y el desarrollo en adolescentes, encontrando relación con
problemas de bajo rendimiento escolar, dificultades en la comunicación,
hostilidad, depresión, mentiras frecuentes y conductas transgresoras. En lo que
se refiere a las pautas de crianza se detectó una permisividad por parte de los
padres y especialmente las madres. Con respecto a estilos de crianza y género
Winsler, Madigan & Aquilino (2005) en sus investigaciones sobre paternidad
encontraron diferencias en los estilos entre los padres y las madres,
percibiéndose las madres como más autoritarias que los padres. Los estilos de
crianza inadecuados de los padres durante la infancia se relacionan como
factores de riesgo de problemáticas cognoscitivas o socio afectivas y sobre los
cuales se deben orientar las estrategias de prevención en la familia y generar
espacios para desarrollar habilidades sociales y conductas prosociales en otros
contextos. Pautas de crianza y prevención de problemas en el desarrollo socio
afectivo en la infancia La prevención de factores de riesgo en la familia que
influya negativamente en los estilos de crianza y en el desarrollo socio
afectivo durante la infancia es una responsabilidad de los distintos
profesionales y sectores para lograr un mejor desarrollo de habilidades,
competencias parentales, habilidades emocionales y conductas prosociales en los
niños, niñas y adolescentes.118 REVISTA DIVERSITAS - PERSPECTIVAS EN PSICOLOGÍA
- Vol. 6, No 1, 2010 Ángela Cuervo Martínez Diversos estudios como los de
Patterson, De Garmo & Forgatch (2004) brindan aportes sobre situaciones
estresantes en la familia, pautas de crianza y ajuste en el desarrollo de los
niños y niñas, en padres y madres; identifican y proponen cinco prácticas de
crianza efectivas: el estímulo, la disciplina, el monitoreo, la solución de
problemas y el involucramiento positivo con atención y cuidado. Estas prácticas
orientan el diseño de propuestas de prevención e intervención con familias y
cuidadores. Otras investigaciones, en este caso la planteada por Amaya (2008)
genera una propuesta de programa-guía para el desarrollo de competencias
emocionales y parentales desde una perspectiva comunitaria y preventiva, en la
que resalta la importancia de orientar a los padres y madres en el desarrollo
de estrategias cognitivas y de relajación que les permita controlar sus
emociones de manera positiva en momentos de cierta tensión emocional. Asimismo,
resulta necesario trabajar con los padres y madres las habilidades de
comunicación con los hijos, los procesos de resolución de conflictos y de
negociación, las estrategias para establecer límites y regulación del
comportamiento en los hijos, y las habilidades para fomentar la autoestima y la
asertividad de los padres y madres en el desarrollo de la función parental.
Respecto a prevención, tipos de familia y cambios familiares, Jadue (2003) analiza
algunos factores sociales que han aumentado las transformaciones familiares, e
incrementado en los hijos el riesgo de bajo rendimiento, de fracaso, de
problemas emocionales y conductuales en contextos escolares; por estas razones
señala la necesidad de que en el sistema escolar se desarrollen mecanismos
protectores y preventivos para los niños provenientes de familias
monoparentales y disfuncionales especialmente.